Muchas personas tienen déficit de vitamina D (niveles por debajo de 20 ng/ml), y este problema es aún más frecuente en la población afroamericana. La vitamina D no solo sirve para los huesos: actúa sobre más de 1000 genes y participa en muchísimos procesos del cuerpo.
Además de ayudar a mantener los huesos fuertes, la vitamina D también influye en:
- La inflamación
- El sistema inmunitario
- El metabolismo de la glucosa
- El estrés oxidativo
Por eso, tener buenos niveles se asocia con menor riesgo de enfermedades inflamatorias y autoinmunes como la diabetes, la artritis reumatoide o la esclerosis múltiple.
¿Y qué pasa con la fertilidad?
En los hombres, los niveles adecuados de vitamina D se relacionan con:
- Mejor calidad del semen
- Más movilidad y mejor forma de los espermatozoides
- Mayor supervivencia espermática
- Mejores tasas de fecundación
En las mujeres, especialmente en las que tienen ovario poliquístico:
- Ayuda a regular los ciclos menstruales
- Mejora la resistencia a la insulina
- Favorece la ovulación
- Se asocia con más probabilidades de tener un bebé sano
Un metaanálisis reciente mostró que las mujeres con buenos niveles de vitamina D tienen más posibilidades de obtener un test de embarazo positivo y lograr una gestación clínica que aquellas con déficit.
Curiosamente, este beneficio no parece deberse tanto a mejorar el óvulo, sino al endometrio, es decir, el “terreno” donde se implanta el embrión. La vitamina D ayuda a que el útero esté más preparado para la implantación, reduciendo la inflamación y el riesgo de rechazo.
Además, un estudio en Suecia con más de 2000 mujeres encontró que aquellas con niveles bajos de vitamina D tenían:
- Más abortos
- Más complicaciones neonatales
Y que la suplementación con vitamina D reducía estos riesgos.
Mantener niveles adecuados de vitamina D es importante para la fertilidad y para reducir el riesgo de abortos y complicaciones en el embarazo. Tener déficit no es algo menor, y corregirlo puede marcar una gran diferencia.